Una sensación de aquellas que había olvidado que existían porque hacía tiempo que no la sentía. Una de esas sensaciones inexplicables que parece que es creada por una única persona. Esa sonrisa espontánea que supera cualquier otro motivo que pueda causar mi tristeza. Una de esas miradas que desprende más complicidad que ninguna otra; esa mirada profunda que cada vez que la siento noto cómo me está cogiendo el corazón para entrar en él. Esa persona que se cruzó en mi camino, que me hace ver de otra manera lo perra que es la vida, ver de otra manera el significado de la palabra siempre, enseñarme el valor de lo pequeño, enseñar a quererme, a querer a los demás. Que me enseñó a ser capaz de dar cariño y de dejar que yo lo reciba, que me enseñó que las cosas pasan por algo y que hay cosas que se pueden afrontar y otras que no, pero que siempre hay que tener la cabeza alta. Ese tipo de persona que un día se subió a mi tren y ha sido mi compañía durante el viaje, y espero que lo siga siendo. Este es el tipo de persona que es importante, y de la cual estoy orgullosa. Tú tienes la llave y tú marcas el ritmo, es tu vida, y yo estoy aquí.
Afirmación indiscutible y verdad universal. Tu mirada me hace grande.
