Cada vez que miro hacia atrás, veo que ha pasado un año más desde la última vez que he tenido el valor suficiente de indagar en los recuerdos, siempre prometo que todo lo que queda por venir será mucho mejor que lo anterior. Pero realmente no me doy cuenta de que tengo la gran oportunidad de sentirme una de las personas más afortunadas del mundo porque en el camino de la vida me he encontrado con otra persona de las que merecen la pena. De esas que conoces e incluso te parece algo increíble por el simple hecho de que te devuelve la ilusión de saber que por el mundo adelante hay gente que tiene los pies sobre la tierra. Actualmente hay 6.775.235.700 de personas en el mundo y yo he tenido la gran suerte de encontrarme con una persona que a pesar de que me puede sacar una cabeza de alto también me saca bastante de corazón.
Día a día nos cruzamos con muchísimas personas, desde que sales de casa y te cruzas a la misma mujer, a la misma hora y en el mismo sitio que todos los días, hasta los niños que van gritando delante tuya escaleras abajo y hasta el vecino que te encuentras en el ascensor. Son muchas. Y puedes pensar que todas las personas son iguales, que son unos egoístas, que nadie tiene más problemas que tú... Bendito ignorante. Hasta que te das cuenta de que cada persona tiene una historia detrás aunque no la demuestre día a día. Porque te cruzas con cientos de personas cada día, pero ojalá que tengas la suerte que he tenido yo al tener ese sentimiento tan inexplicable cuando te das cuenta que esa historia que tenía detrás esa persona, la cual la has tenido delante tuya durante tiempo y no has sabido ver, la está compartiendo contigo. Y en ese momento, en ese preciso momento, es cuando te das cuenta de que ya forma parte de ti. Dejando atrás los miedos, empezando de cero.
